Hoy he seguido con las pruebas y he pasado otras
cuatro. Todas ellas han obtenidos buenos o bastante buenos resultados, por lo
que sigo sin apuntar ningún caso destacable como para una posible intervención.
He de decir que hoy he estado bastante relajada,
y poco a poco voy notando como me voy soltando a la hora de realizar con
profesionalidad la labor que me corresponde. Estoy muy involucrada en este
proyecto, ya que quiero hacer las cosas bien, y que este trabajo que estoy
realizando, además de aprender, me sirva para ponerlo en práctica el día de
mañana.
Dicho esto, os dejo un poquito de teoría sobre
las dificultades de lectura:
Las dificultades en la lectura constituyen el
ejemplo más característico de lo que es una dificultad en cualquier tipo de
aprendizaje. También son el trastorno más estudiado hasta ahora y,
probablemente, el que se ha comprendido mejor, quizá porque la lectura ha sido
uno de los fenómenos más estudiados por las ciencias humanas.
Las evidencias que indican la existencia de
una dificultad en la lectura son fáciles de distinguir, siendo estos los
errores más frecuentes que se suelen presentar:
-Lee “princesa” en lugar de “primavera”.
-Lee “tarmiva” en vez de “tranvía”.
-Lee “ta ta ra ra bue bue lo lo” en lugar de
“tatarabuelo”.
-Odian la lectura.
-No comprenden.
Estos mismos errores no nos sorprenderían si
se tratase de niños de seis o siete años, pero si tratándose de alumnos de
nueve, diez o más, que cometen errores de forma habitual.
Hay que señalar que las dificultades de
lectura, forman parte de un fenómeno heterogéneo; por eso es necesario tener
claro que la primera distinción consiste en separar las dificultades en la
lectura de las dificultades en la capacidad de comprensión. Entendemos por
lectura la capacidad de reconocer y asignar un significado a las palabras
escritas.
Estos dos tipos de problema pueden surgir
simultáneamente, pero también los podemos encontrar separados.
Así pues, hay alumnos que tienen dificultades
a la hora de reconocer palabras, pero que, en cambio, podrían entender
perfectamente un texto. Y existe otra clase de alumnos a los que les sucede lo
contrario: leer bien, pero no entienden lo que leen.
Por lo tanto, podemos encontrar sujetos que
presentan las siguientes dificultades: dificultades en el reconocimiento de las
palabras y/o dificultades en la capacidad de comprensión.
El primer grupo de dificultades aparece en los
alumnos que padecen problemas en las habilidades que permiten el reconocimiento
de las palabras y el acceso al léxico. Dentro de este grupo de obstáculos,
podemos hallar distintas subclases, que dependen de cuál sea la vía o
mecanismo afectado o más afectado.
Así, un grupo de alumnos podría tener
determinadas dificultades cuando deba operar con la vía fonológica, mientras
que un segundo grupo podrá presentar mayores dificultades en el uso de la vía
léxica. En el primer caso, podremos hablar de dislexia fonológica del
desarrollo; en el segundo, de dislexia de superficie.
Por otro lado, el segundo gran grupo de
dificultades es el de los alumnos y alumnas con baja capacidad de comprensión,
y estos son los problemas que suelen aparecer en estos casos:
-Dificultades a la hora de hallar información
en el texto: perdemos el hilo entre las ideas, no sabemos que nos está diciendo
y nos desentendemos de la organización general del texto.
-Dificultades en la integración del texto en
los conocimientos: No logramos saber qué es lo que se supone que ya sabemos y
qué es lo que podremos aprender.
-Dificultades en la regulación: No estamos
seguros de haber comprendido.
Por lo tanto, volvemos a recalcar que los
problemas de los alumnos y alumnas que tienen dificultades en la lectura suelen
ser heterogéneos. Pueden leer mal las palabras, pero también pueden tener
problemas en la comprensión, por lo que la intervención en cada uno de los
casos será distinta: tratamiento de los problemas en la vía fonológica,
intervención en la vía léxica y/o intervención en la capacidad de comprensión.
Además, L. Siegel y E.B. Ryan (1989) han
constatado que la forma de definir a los lectores deficientes conduce a
conclusiones diferentes sobre la naturaleza de sus problemas (su perfil
cognitivo), por lo que la intervención que realicemos con cada uno de ellos
también tendrá que ser distinta.