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miércoles, 25 de marzo de 2015

TERMINANDO LA FASE DE DETECCIÓN

Hoy he realizado tres pruebas más. Dos de ellas han sido realizadas de forma correcta, pero en la última he podido comprobar cierta dificultad en la vía léxica. Como ya he comentado, la vía léxica supone un reconocimiento inmediato de la palabra escrita. Decimos "inmediato" en el sentido de que ante palabras como mesa, casa o Nueva York no es necesario reconstruir la fonología. Reconocemos la palabra mesa del mismo modo que lo haríamos ante un dibujo que representara una mesa. Esta vía sólo se puede utilizar ante palabras conocidas, también denominadas familiares.
Por lo tanto, cuando la vía léxica no se ha desarrollado adecuadamente, estas son las manifestaciones que aparecen en la lectura:
a)      Casi no encontramos errores en la lectura, ya que todas las palabras se podrían leer correctamente por medio de la vía fonológica. Sólo en el caso de palabras irregulares se apreciarían errores, puesto que nuestro hipotético sujeto insistiría en regularizar estas palabras obteniendo unas pronunciaciones casi inéditas.
b)      Tarda aproximadamente el mismo tiempo en leer las palabras como pata y tapa. La razón es fácil de comprender: tarda lo mismo porque lee las dos por la vía fonológica. 
Por lo tanto, ¿Cómo podríamos demostrar que hierba y ierba son palabras igualmente desconocidas para un lector determinado? Una vez descartada la posibilidad de que se trate de un lector sin experiencia lectora, debemos suponer que estamos ante un lector con dificultades para comprender las regularidades ortográficas en la sucesión de los grafemas.
De este modo, el lector medio puede darse cuenta de que asa es una secuencia muy corriente en castellano, ya que la encontramos en muchas palabras diferentes: casa, masa, pasa, rasa, mientras que xpa es una secuencia improbable. Y si, por el contrario, un lector tiene dificultades para reconocer las regularidades ortográficas, también las tendrá a la hora de crear una representación ortográfica que le permita una lectura léxica.
¿De qué dependen esas diferencias para “crear y almacenar representaciones ortográficas”? Sería tentador buscar la explicación de estos problemas en la percepción visual. Fue la primera explicación, y sin duda, la que se impuso durante los años en que se configuro el movimiento de las dificultades de aprendizaje. Lo que pasó fue que la idea de los “procesos básicos de aprendizaje” se aplicó directamente en la lectura: los sujetos disléxicos no leían porque no tenían un desarrollo adecuado de los procesos perceptivomotores.
Lo que entonces se criticó fue la explicación del hecho de que los disléxicos no aprenden a leer porque no discriminan visualmente, pero no la existencia de procesos específicos de carácter perceptivovisual implicados en la lectura.
Los datos, tal como los propios autores reconocen, son insuficientes pero sugerentes. Indican esencialmente que los sujetos disléxicos más jóvenes pueden tener dificultades en los procesos iniciales del procesamiento perceptivivisual de los estímulos. Sin embargo, resulta menos claro atribuir a estos déficits los problemas de los disléxicos de superficie.