Hoy he realizado tres pruebas más. Dos de ellas
han sido realizadas de forma correcta, pero en la última he podido comprobar
cierta dificultad en la vía léxica. Como ya he comentado, la vía léxica supone
un reconocimiento inmediato de la palabra escrita. Decimos
"inmediato" en el sentido de que ante palabras como mesa, casa o
Nueva York no es necesario reconstruir la fonología. Reconocemos la palabra
mesa del mismo modo que lo haríamos ante un dibujo que representara una mesa.
Esta vía sólo se puede utilizar ante palabras conocidas, también denominadas
familiares.
Por lo tanto, cuando la vía léxica no se ha
desarrollado adecuadamente, estas son las manifestaciones que aparecen en la lectura:
a)
Casi no encontramos errores en la lectura, ya que todas las palabras se
podrían leer correctamente por medio de la vía fonológica. Sólo en el caso de
palabras irregulares se apreciarían errores, puesto que nuestro hipotético
sujeto insistiría en regularizar estas palabras obteniendo unas pronunciaciones
casi inéditas.
b)
Tarda aproximadamente el mismo tiempo en leer las palabras como pata y
tapa. La razón es fácil de comprender: tarda lo mismo porque lee las dos por la
vía fonológica.
Por lo tanto, ¿Cómo podríamos demostrar que hierba
y ierba son palabras igualmente desconocidas para un lector determinado?
Una vez descartada la posibilidad de que se trate de un lector sin experiencia
lectora, debemos suponer que estamos ante un lector con dificultades para
comprender las regularidades ortográficas en la sucesión de los grafemas.
De este modo, el lector medio puede darse cuenta
de que asa es
una secuencia muy corriente en castellano, ya que la encontramos en muchas
palabras diferentes: casa, masa, pasa,
rasa, mientras que xpa es una
secuencia improbable. Y si, por el contrario, un lector tiene dificultades para
reconocer las regularidades ortográficas, también las tendrá a la hora de crear
una representación ortográfica que le permita una lectura léxica.
¿De qué dependen esas diferencias para “crear y
almacenar representaciones ortográficas”? Sería tentador buscar la explicación
de estos problemas en la percepción visual. Fue la primera explicación, y sin
duda, la que se impuso durante los años en que se configuro el movimiento de
las dificultades de aprendizaje. Lo que pasó fue que la idea de los “procesos
básicos de aprendizaje” se aplicó directamente en la lectura: los sujetos
disléxicos no leían porque no tenían un desarrollo adecuado de los procesos
perceptivomotores.
Lo que entonces se criticó fue la explicación del
hecho de que los disléxicos no aprenden a leer porque no discriminan
visualmente, pero no la existencia de procesos específicos de carácter
perceptivovisual implicados en la lectura.
Los datos, tal como los propios autores
reconocen, son insuficientes pero sugerentes. Indican esencialmente que los
sujetos disléxicos más jóvenes pueden tener dificultades en los procesos
iniciales del procesamiento perceptivivisual de los estímulos. Sin embargo,
resulta menos claro atribuir a estos déficits los problemas de los disléxicos
de superficie.