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jueves, 9 de abril de 2015

MOTIVACIÓN HACIA LA LECTURA

Hoy en día, los estudiantes viven en un entorno estresante. No sólo tienen muchas asignaturas en el colegio sino que, además, muchos de ellos realizan actividades extraescolares y a veces padres y profesores nos olvidamos de que son niños y les exigimos como adultos. Además, un sistema educativo en el que el alumno sufre pruebas y cambios constantes desde los 16 años demanda una motivación para el estudio, que, a veces, pierden.
Dando por supuesto que la motivación es necesaria para el aprendizaje, una de sus consecuencias es que el aprendizaje se inhibirá cuando haya una falta de motivación.
El término motivación se usa en contextos donde el estudiante constantemente se enfrenta a retos nuevos y desconocidos. El estudiante motivado se suele considerar fiel, positivo y activo, siempre interesado en los aspectos del conocimiento, mientras que el alumno no motivado puede llegar a considerarse, incluso por algunos agentes educativos, como "carne de cañón", ya que termina siendo un elemento disruptivo en el aula.
La motivación por parte de los alumnos es fundamental y al profesor, en general, le da igual la razón por la que el alumno está motivado, lo importante es que lo esté. Sin embargo, realmente, no es verdad que a todos los alumnos motivados les guste la asignatura. Hay grados de atracción de la asignatura, influye el material que el profesor entrega, influye el grado de implicación del profesor y, por supuesto, el estado personal del alumno.
En resumen, podemos definir "motivar" o "animar" como la “potenciación de todos los factores capaces de provocar, mantener y dirigir la conducta hacia un objetivo y, en nuestro caso, hacia el fomento de la actividad lectora en nuestros alumnos”.